APELLIDO Y NOMBRES:

ROBLES AMRENABAR, Guilelrmo.
Lugar de la caída: A 28 kilómetros de la localidad Perito Moreno - Patagonia Argentina.-
Provincia: .-
País: Chile.
Motivo de la caída: Ripio suelto.
Comentarios: Ver relato detallado al final, después de las fotos.-


Mi última noche en las Torres del Paine (Camping Las Torres) fue la del 18 de Febrero
El día 19 alojé en El Calafate y el 20, a las 06:00 inicié mi marcha de vuelta hacia el norte vía Lago Viedma, Tres Lagos, Hotel Rivera, Las Horquetas y Bajo Caracoles.
La idea era comer algo en Bajo Caracoles y desviarme a ver las pinturas rupestres del Río Pinturas.
Un total de más de 640 kilómetros en un día por caminos de ripio; con los desvíos, las caminatas y otras paradas, pensaba llegar a P. Moreno con luz, a eso de las 21:00 a más tardar.
Todo normal, nuevamente había “nafta” en el cruce Tres Lagos y lo mismo en Bajo Caracoles, lo que no deja de ser buena cueva, ya que aunque en algunos mapas aparecen los loguitos de “nafta” a veces no hay, porque el camión sencillamente no ha llegado. (De hecho, a la ida, en Río Mayo, que es un reducto militar, solo había gasolina de 85 octanos y nada de gasolina de 95 o 97).
El pique a la Cueva de las Manos fue relativamente rápido, poco mas de 3 horas en ir y volver, con caminata y visita a la cueva (no es cueva, sino una especie de alero de roca) incluidas. Increíbles pinturas, algunas con 13.000 años de antigüedad (y algunos rayados recientes; en todas partes se cuecen habas) Alucinante espectáculo que hace meditar y todo dentro de un cañadón con un río, vegetación y paisajes que delatan miles de años de erosión por el siempre presente viento. Es como para acampar y explorar un día entero.
Vuelta a la Ruta 40 y enfilar hacia Perito Moreno y al hotel Belgrano del turco Munir, amigo mío desde mí pasada hacia el sur.
El tiempo en la Patagonia no se mide como en otros lugares; a veces uno le toma el pulso al ripio y percibe con gran claridad las huellas por las que hay que transitar; en algunos lugares se pone el ripio mas profundo y si no se está atento puede pasar cualquier cosa. Si no hay viento, se le puede meter hasta 90 Km. /HR. Con viento fuerte, a 50/60 por hora y semi cruzado, ya que te saca de las huellas y te atraviesa de un lado a otro del camino por sobre los lomos de ripio suelto o te puede sacar a la pampa y terminar uno entre calafates y piedras. Menos mal que las probabilidades de chocar con algún otro vehículo son casi 0.
El único daño que hacen los aprendices que van a hacer mierda sus 4x4 en la Patagonia es que no disminuyen ni un solo kilómetro la velocidad cuando te cruzas con ellos, sin pensar que una piedra en la cara de un tipo en moto puede ser inmensamente mas grave que un piedrazo en sus parabrisas.
El cansancio después de 10 horas de ripio puede ser preocupante y la concentración se va a la cresta. Hay que parar, caminar, rascarse, sacarse las protecciones, escupir, gritar, echarse gotas en los ojos, fumar (yo no fumo pero en la Patagonia cae muy bien fumarse un pucho o tomarse un mate). Después hay que dedicar algunos minutos a percibir la inmensidad, el silencio, la belleza de la más absoluta desolación y sentirse por rato el centro de la creación.
Yo ya me estaba sintiendo muy relajado, que dominaba el ripio y el viento, me cambiaba de huellas por puro gusto y me sentía en general, bastante experto (mal que mal, entre ida y vuelta ya tenía mas de 1.500 Km. de feroz viento y de ripio en el cuerpo.)
Un par de veces los ñanduces se me habían ido en collera al lado del camino y los guanacos se cruzaban a cado rato, manadas enteras.
En una de esas y calculando que me faltaba una hora u hora y media para P. Moreno, me distraje pensando que debería parar a descansar y fotografiar, afloje la velocidad justo cuando no debía, una ráfaga feroz me tiro hacia una berma en bajada y llena de ripio profundo. La moto enterró la rueda delantera en el ripio suelto y empezó a coletear. Enrollé, me paré en los estribos, logré enderezar a medias la moto pero no pude evitar que otra ráfaga me hiciera sobre reaccionar y ya totalmente fuera de control me fui hacia la otra berma.
Crestas, crestas, noooo, aquí noooooo! ¡Crestas, chuchas, no, afirmateeeee, no, nooooooo, aaaaahhhhhrrrggggrrr! ¡Al suelo carajo!
La moto se arrastró sobre las defensas delanteras y sobre una carpa y una esterilla que había amarrado en la parrilla trasera izquierda lo que evitó daños serios en su carenado
En cambio yo seguí de largo por varios metros, arrastrándome en el ripio y azotando la protección inferior del casco sobre las piedras, mi mano izquierda haciéndose mierda sobre las piedras y mis costillas aplanando cuando cascote había. Menos mal que era piedra redonda de río.
Menos mal también que había bajado la parte de abajo del casco, ya que poco antes y en medio de los 30 grados imperantes la había llevado arriba, con total irresponsabilidad.
Fueron tales los golpes que les aseguro que con el casco abierto, a estas horas no tendría ni mandíbula ni dientes. Claro que no cerré la chaqueta y eso casi me costó una costilla, la que me penó todo el resto del viaje.
Un silencio profundo se posesionó del lugar. Hasta el viento dejó de soplar. Ni una brisa.
Después de palparme y comprobar que aparte de la costilla magullada y que la mano izquierda estaba hinchada como empanada lo demás estaba en regla, en medio de crujidos, resoplidos, varios “chuchas” “conchas” “crestas” , “zorras” y cosas por el estilo, me fui incorporando.
Todavía viendo estrellas por todos lados siento desconcierto y rabia; mas que el camino y el viento, fui yo el que maniobró tarde y mal. Me descuidé e iba demasiado rápido, a 70 Kmh.
Mucho para la hora, para lo que llevaba andado y para el cansancio. Además que debería haber descansado cuando lo pensé cinco minutos antes. Ese descanso habría hecho toda la diferencia.
La imprudente arrogancia….!
Una mirada al reloj me indicó que eran las 19:00 horas, cosa que me preocupó pero no demasiado, ya que pensaba que había luz hasta la 22:00, lo que resultó ser un error.
Hasta el momento había viajado solamente de día y no más tarde de las 20:00 horas.
La moto había quedado recostada sobre la berma en una posición semi horizontal.
Durante la primera media hora no pude levantar ni un centímetro sus 230 Kg.
Lo tomé con calma y me puse a esperar que pasara alguien. Paso el tiempo y ya eran como las ocho y como no pasaba nadie se me ocurrió pensar que nadie que conociera esos parajes tendría nada que estar haciendo a esa hora por esas soledades.
Hacía el Sur, el primer lugar habitado estaba a mas de 100 Km. y no era precisamente civilizado sino un lugarcito llamado Bajo Caracoles, es decir cuatro casas y un restaurante muy básico con algunas piezas para alojar, mas abajo Gobernador Gregores (no pasé por ahí pero se que está como a 300 Km. al sur de mi porrazo) y la otra alternativa, Tres Lagos, es la nada misma.
El Calafate, a esa hora era inalcanzable. Nadie con dos dedos de frente iba a pasar por ahí hacia el Sur. Nadie.
Hacia el Norte, en cambio, estaba Perito Moreno, y según mi GPS a 27,5 Km. de distancia del porrazo, una ciudad muy agradable donde yo ya había estado alojando y había marcado sus coordenadas.
Era mi única posibilidad; que pasara alguien, retrasado como yo, hacia P. Moreno.
Cuando ya oscurecía sentí aproximarse un auto en dirección al Norte. Le hice señas y se detuvo como a 50 metros de donde yo estaba. Era una señora argentina con una hija y un hijo, ambos entre unos 14 o 15 años.
Le pedí que me llevara hasta Perito Moreno para volver con ayuda y me dio una respuesta ininteligible que yo interpreté como que “ni loca llevo a este tipo; capaz que me secuestre” pero que en argentino sonaba como “estamos muy llenos, no tenemos espacio”
Le pedí, (manteniendo la distancia de 50 metros a fin de no ahuyentarla, ya que yo debo haber sido todo un espectáculo, la chaqueta abierta, la camisa afuera, sin botones y una mancha de sangre en el pecho, una mano tan hinchada que parecía guante de box, chascón, entierrado, ojos inyectados (supongo), voz enronquecida y chileno para mas remate,) que avisara en Perito Moreno que había una persona accidentada y que pagaría para que me vinieran a buscar.
Saludos, gracias y chao.

Pasó una hora más y ya era noche cerrada.
Yo tenía mucha una sed y estaba empezando a preocuparme.
De manera que me fui a la moto y la empecé a arrastrar penosamente, centímetro a centímetro talud arriba hasta que la tuve en un ángulo de unos 40° y haciendo palanca con la pierna y con fuerza razonable logré finalmente enderezar y parar la moto.
Casi frenético de alegría, comprobé que tenía batería, contacto, partida y todo.
Pero ¡Ay! No quiso partir nunca más. (Me saco el sombrero ante los tipos de antes que no tenían partida eléctrica)
El tiempo transcurrido desde que pasó la argentinita me hacían pensar que la ayuda, de haberla enviado alguien, tendría ya que haber llegado. Pero no era así.
A las dos horas, saqué una linterna desde el fondo de una maleta (aunque no lo crean, allí había puesto la linterna), solté las amarras que fijaban la carpa a una de las parrillas, busqué un lugar relativamente parejo, todo esto a la luz de la linterna y del foco de la moto y logré armar la carpa.
Hasta pensé en caminar los 28 Km. hasta Perito Moreno, pero comparando distancias, equivaldría a caminar por un camino de tierra desde Vitacura hasta el túnel de Lo Prado a oscuras y con una linterna enferma de rasca.
Yo me había cruzado y hasta competido con avestruces (o ñanduces), con guanacos, liebres, pájaros de todo tipo, moscas y quien sabe que más, pero en esas inmensidades también hay perros salvajes y pumas.
De manera que caminé lo que sería un kilómetro y me devolví.
Tiré dentro de la carpa el saco de dormir y me dispuse a pasar la noche y recurrir al primero que pasara de madrugada para pedirle agua, ya que la sed había aumentado y se estaba tornando angustiante.
La resignación ayuda a veces más que la esperanza, aunque la sed era un factor que lo distorsionaba todo. Nunca había tenido una sed así en toda mi vida y la noche aun era joven.
El que no haya estado solo en medio de la Patagonia, de noche y sin una gota de viento, no sabe lo que es el silencio.
El que no haya estado solo en medio de la Patagonia, de noche, sin una gota de viento, en pana y muerto de sed, no sabe lo que es el desamparo.
El que no haya estado solo en medio de la Patagonia, de noche, sin una gota de viento, en pana, muerto de sed y que después de 4 horas sienta el ruido de un motor a lo lejos no sabe lo hermosa que puede ser la vida.

Para finalizar mi relato y como ya habrán sospechado que el ruido de aquel motor que sentí aproximarse, era el rescate.
Rescate a la hora nona en una camioneta GMC de 800 Kg. año 1966 del garage de la familia Castro.
La señora, que fue la última que vi antes del rescate 5 horas después del accidente, se fue directamente a la policía y ellos, a su vez, informaron a los mecánicos y salió hacia el sur el hijo mayor, que dicho sea de paso es campeón zonal de rally y tiene tantos estantes abarrotados de copas, bandejas, estatuillas, diplomas y otros galardones que parece que hubiera empezado a correr como a los cinco años de edad.
Apenas iluminados por las luces de la camioneta, subimos la moto un poco más en el talud y después aculatamos la camioneta para que diera más o menos la altura ya que el tablón que Castro Jr. traía era totalmente inapropiado. Era un tablón bastante duro de unos dos metros de largo y de unas dos pulgadas por lado.
Con gran precaución y usando apenas el larguero de madera que trabajó en ángulo de no mas de 15 a 20° logramos acomodar la moto bien esquinada y en vista que los”tie downs” que siempre ando trayendo eran inútiles dado que la camioneta carecía de argollas u otro tipo de anclaje, la amarramos con las cuerdas que habían en la camioneta.
La sed, ante la certeza de algún tipo de líquido en menos de una hora, se había apaciguado un tanto, pero una vez llegados a Perito Moreno, le pedí que cruzara todo el pueblo y nos fuéramos a la Estación de Servicio que está en una rotonda que te lleva a Las Heras y también a la Ruta 40 y Río Mayo, previo un corto trecho asfaltado de 10 Km. hacia el Este donde retomas el ripio hacia el Norte, a Los Antiguos por otro y de vuelta a la ruta 40 hacia el Sur.
Yo ya sabía que allí vendían unas Heinekens heladas de manera que compré algunas y las compartimos con mi amigo Castro. (No me puedo acordar de su nombre de pila lo cual es imperdonable mas aun si se considera que el hombre, antes de salir, le había avisado al turco Munir que me preparara una pieza, lo que no fue nada sencillo ya que estaban copados).
La reparación de la moto tomó varias horas del día siguiente porque había que despegar la defensa del carenado izquierdo para que no lo dañara y a que a la bomba de bencina le había entrado tierra a través del sello de goma.
Eso es más o menos todo salvo que alguien quiera interiorizarse acerca de si divisé algún platillo volador, si acaso recé o si ahora pienso más en Dios y otras majaderías. En todo caso la respuesta a todo lo anterior es no.
Al día subsiguiente continué mi viaje desde Perito Moreno hacia Los Antiguos y Chile Chico y desde ahí me fui por la ribera sur del lago General Carrera (Lago Buenos Aires en la Argentina) por uno el caminos mas inhóspito y peligroso de todos aquellos que me tocó recorrer en mi viaje, lleno de curvas cerradas y con gran pendiente, excavado en la roca, duro y resbaladizo, angosto, de una pista, sin berma, sin barreras y con precipicios de 100 y 200 metros hacia el lago. Hay un sector al que le llaman la Garganta del Diablo y te aseguro que no es el peor.
Claro que al final, después de emplear más de 4 horas para recorrer 100 Km. llegué a Puerto Bertrand donde me alojé en el Lodge de Pesca en el río Baker, de propiedad de un argentino oriundo de Mendoza de quien me hice amigo.

En la caída que tuve se me perdió un Memory Stick con más de 55 fotos y la carpa se la regalé a los mecánicos, algo desarmada y con pocas estacas, ya que no las pudimos encontrar todas.

 


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